sábado, 27 de enero de 2018

EPIGENÉTICA, NaturismoECológico Y NATUROPATÍA

Las interrelaciones entre Epigenética, Naturismo Ecológico(NEC) y Naturopatía, abonan un campo de interesantes cosechas y proyecciones de las que, en esta primera entrega, vamos a adelantar algunas de las más resaltantes.
Como se sabe, la Epigenética, como área del conocimiento, toma cuerpo más definitivo, sobre todo, a partir de 1953, cuando Conrad Hal Waddington (1905- 1975), uno de los fundadores de la biología de sistemas, lo plantea en uno de sus numerosos artículos sobre el tema:
“Parece que los cambios en el genotipo sólo tienen efectos en la evolución si traen consigo alteraciones en el proceso epigenético por el que se forman los fenotipos; y los tipos de cambio posible en el adulto o en cualquier animal están limitados a las posibles alteraciones en el sistema epigenético por el que éste se produce”.(1)
A partir de los trabajos e investigaciones de este biólogo del desarrollo, paleontólogo, genetista, embriólogo y filósofo escocés, se abre todo un mundo de posibilidades y cambios paradigmáticos que renuevan y enriquecen el universo y las posibilidades de la genética, tal como hasta ese momento se venía enfocando.
De acuerdo con Waddington el ambiente celular y las influencias del medio externo,  -en lugar de la exclusiva herencia genética-, son determinantes en la ontogenia (desarrollo del organismo, desde la fecundación del cigoto hasta su senescencia, pasando por la forma adulta). Al mismo tiempo, dichas influencias, dejan su marca en la expresión génetica heredable, aún cuando no se presenten cambios en la secuencia de nucleótidos. Este revolucionario enfoque, cambia muchos de los paradigmas que había establecido desde sus comienzos la Genética y abre nuevas perspectivas a muchos de los enfoques de quienes militamos en el NEC y, además, asumimos la Naturopatía como modelo holístico de promoción y atención de la salud integral, según los enfoques y coordenadas de la OMS (2).
Ya no se puede sustentar científicamente la idea de que sólo los genes que heredamos de nuestros padres, determinan los que seremos biológicamente y que, nuestra salud y enfermedades originarias dependen, exclusivamente, de esa variable genética. Ahora hay que tener en cuenta el peso específico -y determinantes en muchos casos-, de todos aquellos factores epigenéticos y de influencia externos al código genético. Es lo que, en esencia, se resume en la Triada del Estar y el Tener, que desarrollamos en el Reto de la Salud Integral(RSIN), como parte del segundo principio del RSIN:

Como allí se resume y grafica (fig. 4), la salud es la resultante de tres grandes componentes en donde lo genético-hereditario tiene su peso, pero también los otros dos componentes de la tríada. Este enfoque coincide con lo que la Naturopatía ha sostenido desde el principio, cuando Benedict Lust, como continuador avanzado de Kneipp y Kuhne, lo formalizara a comienzos del siglo pasado, en su escuela de Naturopatía y diversas publicaciones, inicialmente en los EE.UU. y que luego expandiera sus enseñanzas y estudios a Europa y otros continentes.
En nuestros códigos y diseño biológico están las bases para mantener la salud y para activar los procesos de sanación en aquellos casos en donde, por alguna razón, ese estado saludable se altere y aparezca lo que desde el enfoque alopático se conoce como “enfermedad”. En esencia, se trata de entender que es en los hábitos y el estilo de vida, en correspondencia o no con nuestro diseño biológico y con nuestra ecología espiritual y socio-emocional, en donde podremos encontrar buena parte de las respuestas a los problemas de salud de la vida moderna. Ciertamente, en la carga genética que heredamos de nuestros padres viene la “marca de fábrica”, codificada en el encadenamiento específico del ADN que ellos nos transfieren en el momento del intercambio cromosómico durante la fecundización. Allí estará la impronta que alertará sobre la propensión a tener o no algunas condiciones metabólicas y/o tendencia diabética, hipertensiva, artrítica o de cualquier otra índole en el amplísima abanico de patologías de factura “hereditaria”. Sin embargo, la resultante final en cuanto a salud y calidad de vida dependerá de cada uno de nosotros, como “individuos únicos”; estará sujeta a cómo y en qué grado interactúa esa “propensión genética” con los influyentes “internos” y “externos”. Será de la interacción específica,  en cada persona, de esa triada de factores de donde saldrá la resultante final. No será la determinación única y exclusiva de uno o de dos factores sino la confluencia de los tres, interactuando ecológica y epigenéticamente: lo “congénito-hereditario” y los influyentes “externos” y los “internos”
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(1)Conrad Hal Waddington - Wikipedia, la enciclopedia librehttps://es.wikipedia.org/wiki/Conrad_Hal_Waddington. Conrad Hal Waddington ( 1905- 1975) fue un biólogo del desarrollo, paleontólogo, genetista, embriólogo y filósofo escocés, uno de los fundadores de la biología de sistemas. Índice. [ocultar]. 1 Biografía académica; 2 Obra. 2.1 Competencia; 2.2 La asimilación genética; 2.3 El paisaje epigenético; 2.4 Canalización

(2) Estrategia de la OMS sobre medicina tradicional cssp.gob.sv/.../ESTRATEGIA-DE-LA-OMS-SOBRE-MEDICINA-TRADICIONAL.pd... En 2009, la 62.ª Asamblea Mundial de la. Salud adoptó la resolución WHA62.13, de cara a actualizar la estrategia de la OMS sobre medicina tradicional 2002-2005, sobre la base de los progresos realizados por los países y los nuevos problemas que se plantean actualmente en el campo de la medicina tradicional…

jueves, 14 de diciembre de 2017

LOS HÁBITOS Y SU RELACIÓN CON LAS TRIADAS (4/4)
Como se sabe, el tema de los hábitos va mucho más allá del campo de la salud, pero será en ese ámbito en donde aquí nos enfocaremos. Sólo haremos una muy breve alusión introductoria, a los hábitos en general, para contextualizar su vinculación con la salud y, más específicamente, con las Triadas Vitales, como segundo principio/requisito de los cinco que conforman el RSI.
Los registros más antiguos sobre el hábito, como objeto de estudio, se remontan a la Ética  a Nicómaco, de Aristóteles. De allí proviene, entre muchas otras alusiones, la conocida expresión, atribuida a El Estagirita: "Somos lo que hacemos día a día… La excelencia entonces no es un acto, sino un hábito". Después de Aristóteles habría que mencionar la Suma Teológica de  Santo Tomás de Aquino (siglo XIII), en cuya parte II-I se dedican varias secciones (de la 49 a la 54) a los hábitos(1) A finales del siglo XIX, el filósofo y psicólogo newyorkino William James, como parte de su vasto  estudio sobre el carácter y la personalidad, dejó importantes investigaciones  sobre el tema de los hábitos. En sus conocidos Principios de Psicología (1892), encontramos la muy citada expresión: “Toda nuestra vida, en cuanto a su forma definida, no es más que un conjunto de hábitos”.
Si nos acercamos más a nuestro tiempo, encontramos la calificada opinión del filósofo y matemático ingles Alfred Whitehead (1861-1947), creador de la llamada Filosofía del Proceso. A.Whitehead refiriéndose al papel que juegan los hábitos y esquemas intelectuales opinaba: “la civilización avanza en proporción al número de operaciones que la gente puede hacer sin pensar en ellas”. Otra referencia importante que también aparece en el artículo Los hábitos, clave del aprendizaje, de José Antonio Marina (2), son los resultados de una grupo de investigadores de la Universidad de Duke, quienes estimaron que “más del 40% de las acciones que realizan las personas cada día no son decisiones de ese momento sino hábitos (Verplanken y Wood, 2006, Neal, Wood y Quinn, 2006)”.
Uno de los libros más recientes (2012), sobre el tema, es El Poder de los hábitos de Charles Duhigg (ChD), uno de los periodistas más reputados del New York Times(3). Duhigg tuvo acceso a buena parte de las últimas investigaciones que se han estado haciendo en el MIT y la universidad de California, sobre la neuroanatomía de la memoria y el proceso de formación de los hábitos (hbt) en conejillos de Indias.  ChD explica la conducta de las raticas del experimento, en los siguientes términos (4):
“Al principio, cuando la rata oía el clic y se abría la compuerta, solía ir arriba y abajo por el pasillo central, olisqueando por los rincones y rascando las paredes. Según parece olía el chocolate, pero no podía encontrarlo... Al final, la mayoría de los animales descubrían la recompensa(…) Los científicos repitieron el experimento una y otra vez, y observaron cómo la actividad cerebral de cada rata cambiaba cuando atravesaba la misma ruta cientos de veces. Fueron apareciendo lentamente una serie de cambios. Las ratas dejaron de olfatear los rincones y de girar erróneamente. Por el contrario, recorrían cada vez más de prisa el laberinto. Y dentro de sus cerebros sucedió algo inesperado: cuando las ratas aprendían a desplazarse por el laberinto, su actividad cerebral disminuía. Cuanto más automática se volvía la ruta, menos pensaban…” (pag. 34 y 35)
Esa menor actividad cerebral era el indicativo de que los ganglios basales del roedor habían almacenado la conducta en forma automática, como hábito. Ahora, cada vez que se disparaba la señal, la rata iba directa al chocolate, en una rutina sin mayor esfuerzo ni gasto de energía cerebral. Se había instaurado un hbt. Ese proceso es el que hemos querido graficar –interpretando el texto de Duhigg-, en la figura 6, que se muestra a continuación:

Duhigg hace aún mucho más sencilla la comprensión de los procesos neurológicos que dan lugar a los hábitos, cuando simplifica toda la complejidad subyacente y propone el llamado “bucle del hábito” (señal, rutina, recompensa) que también se conoce como “las 3 ‘R’ del proceso de formación de los hábitos” (Recordatorio, Rutina y Recompensa), como nosotros hemos preferido reinterpretarlo gráficamente, en la figura 7:

De acuerdo con ese esquema de las tres “R” (o “bucle del hábito”), el proceso comienza con una señal, recordatorio o detonante que informa al cerebro para activar el piloto automático y el hábito que ha de usar. Luego está la secuencia automática o rutina, que puede ser física, mental o emocional. Por último está la recompensa, que ayuda a nuestro cerebro a decidir si vale la pena recordar en el futuro este bucle o ciclo repetitivo, en particular. La conversión de una secuencia de acciones y “conductas pensadas” en una rutina automática se llama fragmentación conductual y está en la base de la formación de los hbt. Hay cientos de fragmentos conductuales en los que confiamos cada día. Algunos muy sencillos como untar la crema y cepillarnos los dientes o colocar las hierbas en la tetera y servirnos el té hierbal; pero hay otros mucho más complejos como –es el ejemplo que apunta ChD en su libro-, el sacar en retroceso el coche del garaje cada día en las mañanas o preparar un sabroso dulce de lechoza, como el que preparaba nuestra madre. La gran diversidad de fragmentos conductuales que construimos a lo largo de nuestra experiencia se van almacenando en la memoria implícita y la explicita (o declarativa), en donde quedan disponibles para el momento en que se requieran. Concluye Duhigg “con el tiempo, este bucle —señal, rutina, recompensa; señal, rutina, recompensa…— se va volviendo más y más automático. La señal y la recompensa se superponen hasta que surge un fuerte sentimiento de expectación y deseo. Al final, ya sea en un frío laboratorio del MIT o en el garaje de tu casa, se acaba formando un hábito” (5).
Otro libro sobre el tema de los hábitos, que resulta fundamental para completar lo atinente a las tres triadas que ocupan este segundo principio, es el de Stephen Covey (SC), Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, publicado en 1989 y que, desde una primera edición se convirtió en uno de los betseller de autoayuda más traducidos y solicitados en Occidente y buena parte del mundo(6)
La definición de hábito que SC expone en su libro, es la que mejor se adapta a nuestros requerimientos para el reto de la salud integral. Desde esa perspectiva un hábito de salud (y de cualquier otro tipo), sería la confluencia de tres grandes dimensiones: un saber, un poder y un querer. Cuando se sabe (se tiene el debido conocimiento), se puede (se tiene la capacidad, las posibilidades) y se quiere (se tiene la plena convicción, el más auténtico deseo y convencimiento), entonces allí puede surgir un hábito de salud, si así nos lo planteamos. Con sólo una o dos de esas dimensiones no es posible aún construir un  verdadero hbt. Se quedaría a medio camino. Hace falta la confluencia de las tres y es en esa área de intersección en donde se forman los hbt.  La figura 8 grafica la definición de hbt que plantea SC y que nosotros aquí asumimos para el reto de una verdadera salud integral:
A una persona con sobrepeso, no le basta querer “estar en la línea”. Debe también saber cómo hacerlo y debe estar en capacidad de poder hacerlo. A veces la persona sabe cómo bajar de peso, pero realmente no está convencida, no tiene la plena convicción y, por tanto no lo puede lograr, porque sigue con su mismo estilo y hábitos de vida. Cuando un naturópata está frente a un caso de éstos, debe trabajar las tres dimensiones, luego de su diagnóstico al revisar las macrofunciones y estilo de vida de la persona.
Si este ilustrativo ejemplo (simplificado por razones de didáctica explicativa), lo aplicamos para otras situaciones y hábitos de salud (dejar de fumar, previsiones higiénico-sanitarias contra patógenos, ingesta diaria de suficiente agua para mantener la hidratación necesaria, etc), la conclusión sería parecida: si el haciente/paciente sabe cómo hacerlo, si puede hacerlo (está en capacidad, cuenta con qué) y, sobre todo, si quiere realmente hacerlo y da los pasos en esa dirección y obtiene la recompensa y lo repite, esa rutina terminará convirtiéndose en un hábito de salud. Como lo demuestran los experimentos neurológicos del doctor L.Squire y demás investigadores del MIT, una vez que ese accionar conductual se almacena en  nuestra memoria base (en los ganglios basales), se repite y hace automático –señal/recordatorio, rutina, recompensa, señal/recordatorio, rutina, recompensa…-, entonces nuestro cerebro lo incorpora como hbt cuya ejecución no implica mayores demandas de energías cerebrales. La figura 9 nos ayudará a comprender mejor el proceso de formación de los hbt, de acuerdo con los experimentos de los investigadores del MIT:

  Una vez que las raticas de laboratorio, con lo sensores que medían su actividad cerebral durante el experimento, hacen varias veces el recorrido y obtienen siempre la misma recompensa en el lado derecho, al final del laberinto, la secuencia de acciones se convierte en una rutina automática que se dispara al oír el clik y abrirse la compuerta (ver figura 10).  Es lo mismo que nos sucede a nosotros cuando nos levantamos cada día y nos dirigimos a la cocina: sin pensarlo mucho, como una rutina automática, colocamos los mismos tres vasos de siempre, los llenamos de agua, buscamos el antihipertensivo, y lo ingerimos con el primer vaso de agua. Cuando nos hemos tomado el tercer vaso, seleccionamos las hierbas con las que prepararemos el té de ese día o semana y lo preparamos. Mientras tanto hemos prendido la PC, revisado los correos, regado las matas del huerto/jardín, arreglado la losa que quedó escurriéndose en el lavaplatos, alimentado a las lombrices californianas, etc. Esa rutina tenemos años –casi dos décadas-, haciéndola y seguramente la mantendremos por muchas décadas más, si no hay algún motivo de peso que justifique su cambio. De eso se trata cuando tenemos hábitos de salud y vida que consideramos que deben permanecer o que, por el contrario, debemos cambiarlos.

Con estas consideraciones sobre el proceso de formación de los hábitos de salud y vida cerramos la parte 4/4 de las Triadas Vitales, como segundo principio de los cinco que están en la base de la salud integral, tal como aquí la entendemos y promovemos.
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(1) [PDF]los hábitos adquiridos - Dadun - Universidad de Navarra.dadun.unav.edu/bitstream/10171/5587/1/118.pdf.por JF Sellés - ‎2000 - ‎Mencionado por 12 - ‎Artículos relacionados la voluntad tal como los presenta Tomás de Aquino (sindéresis, prime- ... Santo Tomás y Aristóteles, Cuadernos de Anuario Filosófico, Serie Universitaria, William James, extracto de Principios de Psicología (1890).
--Suma Teologica de Santo Tomas de Aquino: Primera sección de la ...hjg.com.ar/sumat/b/.Sobre la causa de los hábitos en cuanto a su generación (4 a.) 52. Sobre el aumento de los hábitos (3 a.) 53. Sobre la corrupción y disminución de los hábitos …
--La esencia del hábito según Tomás de Aquino y Aristóteles – Dadun.dadun.unav.edu/bitstream/10171/4020/3/107.pdf.por E Sánchez - ‎2000 - ‎Mencionado por 3 - ‎Artículos relacionados. La esencia del hábito según Tomás de Aquino y Aristóteles. 5

(2)https://www.pediatriaintegral.es/numeros...2012.../los-habitos-clave-del-aprendizaje/.Los hábitos, clave del aprendizaje. Mediante el aprendizaje construimos nuestra memoria y, a partir de ella, pensamos, actuamos, sentimos, inventamos…  El artículo Los Hábitos, Clave del Aprendizaje, de José Antonio Marina, antes aludido, fue publicado inicialmente en la revista Pediatría Integral, Volumen XVI, nº 8,  octubre2012; 662.e1-662.e4

(3)El poder de los habitos (Spanish Edition) By Charles Duhigg. https://tgzzbepvyyaz.files.wordpress.com/.../best-841587054x-el-poder-de-los-habitos...BEST El poder de los habitos (Spanish Edition) By Charles Duhigg 

(4)Charles Duhigg, El poder de los habitos (Spanish Edition). Op. Cit., pags. 34 y 35

(5) Charles Duhigg,  Op. Cit, pag.39

(6) Stephen Covey, 7 Hábitos de la gente altamente efectiva. Editorial Sudamericana, 1995. 

miércoles, 13 de diciembre de 2017

LA TRIADA DEL HACER Y EL CAMBIAR
Esta tercera y última triada busca sintetizar la ruta, el camino que debemos recorrer si estamos dispuestos a asumir el reto de la salud integral que nos merecemos y que podemos construir si así lo deseamos. Por eso la identificamos con el hacer que somos, pero también con el cambio y la evolución que seremos en pos de la salud integral. Dicho reto debe ser el norte necesario hacia el que debemos apuntar luego de superar el estado de salud dependiente de la  lactancia y la infancia temprana y de avanzar hacia el de la salud relativamente independiente cuando, se supone, tomamos el completo control de nuestras vidas y nuestra salud al comienzo de la adultez. La conexión y secuencia de esas tres etapas de esta tercera triada se ilustra en la figura 5, y en ellas subyacen diversidad de preguntas entre las que desctacan: ¿cómo avanzar desde la salud completamente dependiente del lactante hasta el reto de la salud integral interdependiente?, ¿qué requisitos deben cumplirse?, ¿cómo se establecen los hábitos de salud en la infancia, adolescencia y juventud y que podemos hacer para cambiarlos y mejorarlos?, ¿con qué herramientas contamos?

Como se puede ver, en el universo de respuestas que dimanan de esas preguntas está subyacente la noción de hábitos de salud y, en general, la de hábitos de vida. De allí que a esa noción debemos dedicarle una especial atención, no sólo por la vinculación con esta triada y con el cuarto de los principios básicos, sino porque es una entidad-base para la atención de los 7 hábitos de la salud integral. La cuarta y última parte (4/4) de este segundo principio/requisito, se dedicará exclusivamente a los hábitos de salud y vida, sobre todo por la estrecha relación que éstos tienen con lo que otros autores llaman el “estilo de vida”
Antes de entrar en el tema de los hábitos debemos poner de relieve la relación entre esta tercera triada del hacer y el cambiar con una de las características evolutivas y antropológicas que más nos marcan como especie Homo sapiens, sobre todo si nos comparamos con otras especies de la Clase Mammalia, de la Familia Homínida e, incluso, del Orden Primates, cuyo genoma compartimos en casi un 99%. Como se sabe, entre todos los mamíferos, quizá sean los cachorros humanos los que nazcan con mayor dependencia materna. No es necesario compararnos con un cachorro de jirafa para poner en evidencia la indefensión con la que nacen las crías humanas. Mientras que las crías jirafas caen al suelo, en el momento del parto, desde varios metros de altura y a los 10 ó 15 minutos ya están levantándose por sus propios medios, buscando la teta de la madre y alistándose para correr si fuese necesario, nuestros bebés necesitan varias decenas de meses para estar en condiciones de cierta autónoma movilidad. Y si nos comparamos con los cachorros de un buey almizclero de la región ártica, que nacen a la intemperie y a temperaturas muy por debajo de los -10/5 grados centígrados, un adulto humano (ya ni se diga un bebé), apenas resistiría  unas tres horas a la intemperie en medio de un clima con esas características extremas. Hoy se sabe que ese largo proceso de dependencia  del lactante, está en estrecha conexión con el proceso de maduración anatomofisiológico de todo el cuerpo humano pero, sobre todo, de las estructuras del sistema nervioso, cuyas ventajosas potencialidades se pondrán de manifiesto sólo con el paso de la infancia a la adolescencia y juventud, hasta llegar a la completa adultez. No obstante, esa superioridad evolutiva posterior, es evidente que, en los primeros meses y años de vida nuestra dependencia e indefensión es casi total.
Superada esa primera etapa, pasamos a una segunda fase en el desarrollo de nuestras potencialidades que llamamos de relativa independencia, porque de acuerdo con una gran diversidad de circunstancias personales, familiares, sociales, etc., las personas adquieren diferentes grados de autonomía independiente en las distintas facetas de su existencia. Esas variadas circunstancias dan la pauta en cuanto al nivel de emancipación y autogobierno que cada quien logra en la adultez, pero no debe ser la meta final a proponernos, si queremos integrarnos a plenitud en el ADN sociocultural que nos identifica como la especie intrínsecamente societaria que hemos llegado a ser. Ciertamente, en la Clase Mammalia a la que pertenecemos, muchas especie practican el trabajo cooperativo, “en equipo” a la hora de algunas de sus necesidades vitales, como la de cazar con mayor efectividad. Eso lo hacen las manadas de felinos leones y de caninos lobos, así como las feroces hienas con  características de ambas familias cazadoras. La sobrevivencia en las agrestes sabanas africanas de todas estas especies, mucho depende del trabajo conjunto de la manada bajo el liderazgo de los machos y las hembras alfa. Sin ese trabajo cooperativo no se garantiza la normal permanencia de estas especies en esos hábitat. En el caso de las manadas de perros salvajes africanos (también llamados perros hiena o lobos pintados, Lycaon pictus), el trabajo cooperativo de la manada alcanza niveles casi sublimes, porque la matriarca no sólo delega el cuidado de los cachorros a los individuos más viejos, en la madriguera, cuando el resto sale de cacería, sino que al regresar, garantiza que los primeros que coman la carne regurgitada sean los cachorros y sus cuidadores. La breve reseña que hace Wikipedia es bastante ilustrativa (1):
“Los licaones cazan en manadas. Es el mejor cazador del mundo con un porcentaje de éxito de entre un 70 y un 89% según diversas fuentes: de diez cacerías hasta nueve se saldan con éxito. Su presa preferida es el impala,…. Se les ha observado cazando presas por relevos, o incluso bloqueando una vía de escape potencial de una presa, a la que finalmente vencen por agotamiento. Emiten sonidos característicamente chillones o chirriantes, parecidos a los de un pájaro… El licaón tiene un complejo sistema social de tipo matriarcal. A menudo regurgitan comida para otros miembros de la manada: los individuos viejos, los cachorros o los jóvenes y los adultos que se han quedado cuidando de las crías durante las salidas de caza. El tamaño de sus manadas es muy variable, desde las formadas únicamente por los progenitores y su camada hasta agrupaciones de más de treinta individuos…”
No obstante esas ilustrativas referencias mamíferas y las que también se presentan en algunas otras familias de nuestro Orden Primate, el Homo sapiens es la especie que mejor convirtió el trabajo grupal, cooperativo en su  estandarte de avance evolutivo y civilizatorio. Tal vez no haya sido suficientemente evaluado, en toda su magnitud, el peso que el trabajo cooperativo tiene en lo que somos como especie. Sin embargo casi todas las corrientes de pensamiento y filosóficas lo reconocen. De allí que, más allá de la independencia, la gran meta que debemos plantearnos como individuos conscientes de nuestro perfil antropológico es lo que Covey (2) llama interdependencia o, como aquí la etiquetamos, la plenitud interdependiente. No basta alcanzar la independencia, aunque ésta es ya un gran logro con respecto a la dependencia con la que arrancamos cuando estamos en los brazos de nuestras amorosas madres. Hay que proponerse, si queremos asumir el reto de la salud integral, la plenitud interdependiente, esa que se alcanza en estrecha comunión con nuestros semejantes, con todos aquellos otros humanos con los que nos relacionamos y con todos aquellos otros seres vivos y elementos del entorno biosférico en el que nos desenvolvamos.
En la figura 5 se grafica la secuencia de las tres grandes fases por las que atravesamos los seres humanos, desde el momento en que nacemos en condiciones de total indefensión y dependencia de nuestra madre, quien no sólo aporta el calostro y la leche que estimulará y reforzará las bases de nuestro sistema inmunológico y los nutrientes durante esos primeros meses de vida, sino todo el calor humano y afectivo que nos ayudará a madurar y crecer con calidad de vida orgánica y emocional. Desde esa inicial situación de dependencia lactante, en la medida en que avanzamos a lo largo de la infancia y adolescencia, se desarrollan las primeras habilidades independientes que se asentarán definitivamente, durante la juventud mediana y avanzada. Como ya dijimos antes, ese pase de la total dependencia del lactante hasta la relativa independencia que se debería alcanzar al final de la juventud, es un proceso que cada individuo lo siente y vive de acuerdo con sus propias circunstancias de vida y del contexto familiar y socio-cultural en que está inmerso. Aquí incluimos también aquellos casos -un tanto excepcionales pero que existen-, de personas cronológicamente, en su etapa adulta, pero que mantienen importantes grados de dependencia familiar y de diversa índole (económica, afectiva, emocional, etc). No es la norma, pero la terapéutica naturopática debe tenerlos en cuenta, porque muchas afectaciones de salud pueden estar vinculadas con ese tipo de situaciones de dependencia no superada.
Aplicando ese esquema de factura coveyiana a la salud integral, quedaría tal como se muestra en el segundo triángulo: desde la salud altamente dependiente de la lactancia, pasando por la salud independiente de la adoscencia/juventud, podemos alcanzar en la adultez la plenitud interdependiente si nos proponemos ese reto, al que desde aquí estamos invitando.
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(1)    Lycaon pictus - Wikipedia, la enciclopedia libre.https://es.wikipedia.org/wiki/Lycaon_pictus. El licaón (Lycaon pictus) es una especie de mamífero carnívoro de la familia Canidae. También es conocido vulgarmente como perro salvaje africano, lobo pintado ...

(2)    Stephen Covey, 7 Hábitos de la gente altamente efectiva. Editorial Sudamecana, 1995.